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Dolores Redondo
EL GUARDIÁN INVISIBLE
Destila Baztán por sus poros, le brillan los ojos cuando se deja llevar en la conversación por los paisajes del valle. Le impregna la humedad, como ella misma dice, en su propio carácter cuando me coge de la mano y me lleva por el bosque en un paseo encantador.

 

Entrevista a Dolores Redondo. El guardián invisible«Estoy abrumada, sigo abrumada por el éxito. Me da mucho vértigo, hay momentos en los que me ataco y se me encoge el estómago»

 

Sin desvelar mucho, cuéntanos por qué decides poner este título a la primera novela

El guardián invisible hace referencia al basajaun, una criatura mitológica de la tradición vasco-navarra, que es el nombre que la prensa da al asesino en la novela. La prensa y la policía suelen bautizar a los asesinos con nombres curiosos y este no es una excepción. Basajaun porque literalmente, en euskera, significa el señor del bosque y es esta criatura que lo protege ya que el asesino deja los cadáveres de sus víctimas en el bosque, a la orilla del río y El guardián invisible hace referencia a esta presencia palpable en los bosques, a una presencia invisible, a esta criatura que se supone que mantiene el equilibrio entre la vida y la muerte y entre el hombre y la naturaleza.

 

¿De dónde sale esta historia?

Pues casi siempre una novela viene de otra y esta tampoco es una excepción. Yo tenía un trabajo anterior, con un tema completamente distinto pero sí que había un crimen completamente casual, casi accidental, y me interesó tanto que me quedé con la espinita de investigar más en el caso policial. En este caso tenía claro que quería una novela policiaca y que tratase sobre el tema del matriarcado, de esas familias en las que las mujeres tienen esa fuerza, ese protagonismo, y aunque haya varones tienen un papel más relegado, son las mujeres las que se apoyan y se ayudan a llevar las cargas, se cargan unas las de otras. Me interesaba mucho este tipo de familia, que es muy común en la zona y muy cercana por mi propia experiencia, porque mi familia también es un matriarcado.

 

Nos encontramos con ciertas similitudes con algunas series muy de moda desde hace algunos años en España que nos hacen entender un poco mejor toda esta jerga que se usa, ¿te has basado en alguna en concreto?

Es algo que me está llegando mucho y depende de quien la lea le encuentra similitudes con una u otra. Me han comentado que les recordaba a Twin Peaks, con este pueblo en el que parecía una cosa y eran otras; con El silencio de los corderos, con esta detective un poco diferente… no sé, cada uno ve matices distintos. ¿Castle, Mentes criminales...? Inspectora, perfiles psicológicos… Al final, los escritores, todo lo que escribimos es una mezcla de todo lo que nos va llegando. Somos esponjas y vamos absorbiendo todo lo que lees, todo lo que ves, lo que te va llegando y lo que te va tocando en cada momento. Bueno, quizá sí que hay un poco de todo.

 

¿Y cómo fue la documentación para ponerte al día de todos los términos necesarios?

Con algunos ya estaba bastante familiarizada por la lectura, soy aficionada a este tipo de género, no solo a este pero sí he leído mucha novela negra. Algunas veces he hecho consulta directa a las personas que podían guiarme en esto porque tampoco quería transmitirlo como algo muy documentado, sino como el poso que queda. A un biólogo forense le pedí que me explicara cómo se hacían las analíticas y me lo explicó como para niños de cinco años; para aspectos policiales consulté con el portavoz de la Policía Foral de Navarra, necesitaba entenderlo yo para poder explicarlo. Sobre todo porque no quería caer en esa influencia de las series americanas en las que  las analíticas forenses son rapidísimas y en un turno de ocho horas están todos los análisis hechos y el caso resuelto. Además la Policía Foral de Navarra no cuenta con laboratorio propio y lo tiene que mandar a Zaragoza o al País Vasco y lo mínimo que tarda es entre dieciséis y veinticuatro horas yendo rápido.

 

Entrevista a Dolores Redondo. El guardián invisible¿Qué fue lo que más te costó?

Mira, esta pregunta no me la ha hecho nadie y te lo agradezco porque lo que más me ha costado ha sido las partes emocionales en torno a los cadáveres. Ha sido un ejercicio que me resultaba muy doloroso. La descripción de las autopsias y el dolor de los padres, quizá porque yo también soy madre, todas las partes emotivas, las exploraciones del propio dolor de Amaya, del miedo, que es una constante en toda la novela… Estas son las partes que más me han costado, me lo he pasado muy bien escribiéndola, pero en esta parte no tan bien.

 

¿Ha habido algún momento en que lo hayas tenido que dejar porque no podías continuar?

No tanto como tener que dejarla pero sí he notado que me estaba afectando al ánimo, después de escribir ciertas cosas, cuando paras y recuperas tu vida normal, cuando recuperas el ritmo, me ponía triste. Las personas que están más cercanas a mí en mi vida me lo notaban y es verdad, pero no estaba triste por mi vida sino por lo que he escrito, estaba afectada. Te puedo decir que hay partes que me han provocado pesadillas, recuerdo estar escribiendo partes concretas y de pronto despertarme en medio de la noche; cuando estás en este proceso y le dedicas tanto tiempo, casi solo piensas en esto.

 

Entiendo que la parte real de la historia, lo que no es ficción, es necesaria para hacer más creíble la historia

Sí, además es muy interesante esto que dices porque esto es real y es muy importante cuando escribimos ficción; partimos de la base de que el lector sabe que lo que lee no es verdad, si esa mujer no es auténtica, si no es auténtico el temor, el deseo de ser madre, los enfrentamientos y las tensiones familiares, las cosas buenas y malas que pasan, si el lector eso no lo cree, pierde todo el peso. Eso se nota cuando se lee, yo lo noto cuando leo y ese temor y esas emociones no tienen por qué ser exactamente tuyos, son las emociones que te han ido llegando a través de otro. Los escritores siempre robamos un poquito del alma de los demás cuando nos cuentan algo.

 

También deduzco que hay mucho de Dolores Redondo en Amaya Salazar

Sí, hay mucho. Yo no entiendo que se pueda hacer sin dejar parte de ti y creo que se nota, por eso Amaya ha salido tan fuerte y tan frágil, era lo que buscaba. Muchas veces se enseña solo un aspecto de las mujeres y tenemos mucho más, unos aspectos en los que somos muy fuertes y otros no. Se puede ser muy fuerte como jefa y se puede ser muy frágil en otro lugar, y se puede ser muy femenina, y muy combativa, no hace falta tener siempre la misma pose. Al mostrar un matriarcado con estas relaciones fuertes y complicadas entre mujeres quería mostrar más de una faz, una mujer, esposa, amante, que desea ser madre, que es una hermana, que es una sobrina, que es una compañera de trabajo, una jefa, muy ética por una parte y que por otra es capaz de conmoverse por cosas que jamás confesaría. Como todas las mujeres que conozco, como yo misma.

 

Escenario impecable que desborda naturaleza y olor a tierra mojada por todas partes, ¿por qué eliges Elizondo concretamente?

Elizondo me elige a mí. No lo conocía y me quedé maravillada, me sorprende la arquitectura curiosa que tiene en mitad del valle, el río, la presa, ese rumor… En quince minutos ya sabía que era Elizondo, luego ya me documenté sobre el lugar.

 

Entrevista a Dolores Redondo. El guardián invisible¿Cuándo fuiste ya tenías la novela empezada?

Sí, me faltaban cosas pero ya era una novela policiaca, estaba todo muy perfilado, pero al elegir el escenario lo cambia todo. Cuando empecé a documentarme, y a leer, y a ver cómo era la gente, sus costumbres, sus tradiciones, la manera en que habían vivido, la presencia de la inquisición, de la brujería, la mitología… todo lo iba enriqueciendo.

 

Todas las leyendas que incluyes o solamente mencionas, ¿ya las conocías o has tenido que rebuscar en viejos archivos paganos?

Algunas ya las conocía, soy de San Sebastián pero tengo una abuela gallega, por lo que entre la mezcla de las costumbres gallegas más la mitología vasca, las brujas, los demonios y aparecidos, los tenía por todas partes. Pero bueno, me documenté y tiré mucho de Barandiarán, el gran antropólogo que documenta muy bien esta manera de vivir de Baztán y cambió tanto la novela que el propio paisaje se convirtió en un personaje más con vida propia, marca las razones hasta del asesino.

 

Percibo que has dibujado a los personajes con cierto cariño aún en su papel de malos, arrogantes o díscolos, ¿cómo se consigue este equilibrio?

Esto sí que lo he aprendido a través de mi propia experiencia vital. Pocas veces me he encontrado con gente malvada sin más, casi siempre la gente más malvada era la que más sufría y siempre me encontraba con que había razones, y cuando llegas a entender las razones no los vemos tan malos. Cuando estaba escribiendo ya me daba cuenta de que esto se iba a prolongar, que si bien este libro es de un asesinato que empieza y se resuelve, sabía que iba a haber más y quería que fueran los mismos personajes, quería darles cuerpo, que no fueran meros satélites alrededor sin fondo.

 

Introduces elementos sugestivos y misteriosos como son el tarot, los presentimientos de una madre o la capacidad analítica, casi premonitoria, de la protagonista. ¿Qué te hace mezclar una ciencia como la criminología con algo tan sobrenatural?

La criminología es exacta pero también está muy basada en el instinto. Creo que las normas sociales, la educación... nos hace rechazar señales que en otro momento nos supondría cierta alarma, señales que nosotros descartamos a veces, pero que la policía no descarta. Esto, junto con lo que te contaba de la elección del lugar, marcó aspectos que tenían que aparecer, es imposible hablar de Baztán y no meter mitología. La conexión, sin duda, es esta tía de Amaya que conoce el tarot y que tiene esa percepción psicológica más que de adivinación.

 

Estás escribiendo el segundo de la trilogía, ¿por qué una trilogía?

Porque Baztán es demasiado, no cabe en una novela. Me quedó la sensación, cuando estaba acabando el proceso del crimen, que había que seguir, no podía acabar, no podía cerrar esto y dejarlo. Hubiera sido una amputación.

 

¿Por qué tres?

Bueno eso no es así tampoco. Lo partimos en tres con la editorial pero lo dejo abierto, va a depender de hacia dónde evoluciona. Estoy escribiendo la segunda que ya está casi terminada y me he encontrado con una sorpresa y es un aspecto de uno de los personajes que se me va por otro lado y quizá lo tenga que recuperar. Una novela siempre llega a otra como te decía.

 

¿Seguirá teniendo los mismos compañeros? ¿Veremos de nuevo en acción al envidioso Montes, al sabio Jonan y al incombustible  doctor San Martín?, ¿conoceremos un poco más a James?, ¿volveremos a ver a Flora y a Ros?, ¿nos seguirás deleitando con la sabiduría que la edad proporciona de la tía Engrasi?

Sí, estarán todos. Todos los personajes y el mismo paisaje, con movimiento a otros lugares del valle y alrededor del río Baztán, porque es mi talismán. El río y ese bosque. Tiene tanta influencia sobre ellos, cómo les impregna esa humedad forma parte de ellos, es inherente a ese lugar y está marcado en la manera de vivir, y ellos están muy orgullosos. Y no hay que olvidar que fueron treinta y tantas mujeres a la hoguera por esto, por una cultura, por una manera de interpretar la cultura y la naturaleza que estaba allí muchísimo antes que el cristianismo, que la Iglesia Católica y que la Inquisición.

 

Entrevista a Dolores Redondo. El guardián invisibleCuéntanos una anécdota que no hayas contado aún

Amaya Salazar, se llama Salazar por un inquisidor general de Logroño, que después de los autos de fe en los que ardieron estas mujeres en la hoguera, no le acababa de cuadrar del todo y decidió investigarlo. Estuvo un año recorriendo el valle de Baztán, y viviendo en Elizondo, investigando sobre la brujería. Obtuvo dos mil confesiones de autoinculpación de brujería y cinco mil denuncias más, y aun así, volvió a Logroño y les dijo a los otros inquisidores que no había brujería, que no existía, que era algo coyuntural, algo cultural, que eran tradiciones. Gracias a Alonso de Salazar se detuvieron las quemas en la hoguera, no volvió a morir nadie más. La Inquisición continúo un par de siglos más, con muchas condenas pero nadie más murió en la hoguera y tomé el nombre de Salazar para Amaya porque me pareció curioso que, siendo un inquisidor, con la carga que eso suponía, se fuera a investigar y tuviera esa mente policial y analítica, con esa frialdad, aunque la gente le decía que era brujo y que se le aparecía el demonio.

 

Publicación simultánea e internacional en quince países y derechos cinematográficos ya vendidos, ¿te sientes abrumada con este éxito?

Estoy abrumada, sigo abrumada por el éxito. Me da mucho vértigo, hay momentos en los que me ataco y se me encoge el estómago. En otros momentos lo pienso con más frialdad y llego a la conclusión de que la razón por la que lo compraron es porque les gustó, apostaron y espero que no estén equivocados. Siguen entrando países y si las cosas siguen así habrá más que se sumen, pero ya al éxito. Originalmente, cuando la escribí, pensaba que era algo mucho más local, más para los navarros, vascos y la zona norte, pero me encuentro con que tienen la mente muy abierta y les encanta el bosque, Baztán, Navarra, las leyendas…

 

Solo un libro anterior y algunos cuentos, ¿es todo lo que has escrito o solo lo que has publicado?

Lo único que he publicado. Llevo muchos años escribiendo, tengo muchísimo pero muy tímidamente, no me atrevía a soltar tanta emoción. Hay muy buenas ideas en todos esos relatos que tengo aparcados.

 

¿Y crees que es el momento de recuperar alguno?

Sí, ya te he comentado que normalmente una novela lleva a otra, y a veces a más de una, y hay personajes muy potentes que pueden derivar en buenas historias.

 

¿Quién es Dolores Redondo?

Una escritora, una contadora de historias. Cuando aún no escribía ya contaba historias a mis hermanos, a mis abuelos… me inventaba historias. Y una mujer muy contenta de ser mujer y de poder vivir todas las facetas de una mujer y que reivindica que las mujeres tienen una riqueza especial, distinta, y que a veces somos nuestras peores enemigas, debemos querernos más y querer todos nuestros aspectos.

 

Dime una afición

Leer, por supuesto.

 

Cuéntame una rareza

No me gusta hacer cubitos de hielo, cuando saco los cubitos siempre me dejo las hieleras por encima y me dicen que las rellene, pero es que me da grima, me da rabia.

 

Un olor que te devuelva a la infancia y que no sea la tierra mojada ni el olor a bosque

El mar. Siempre he vivido en la zona portuaria de Pasajes y el paseo era siempre pasear hasta la punta del puerto. El olor este del verde del mar es, sin duda, ese olor.

 

Un color

El rojo.

 Fina Grau

 

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